La pregunta común sobre él es "¿Es W.H. Hudson argentino o inglés?" Felipe Arocena
(2009) afirma que los escritos de Hudson
cruzan cualquier barrera cultural, traspasan lugares geográficos, y agrega que
la visión de Hudson impregna todas las fronteras nacionales, sociales y educativas.
Para Arocena (2009) esto se denomina Glocalización.
La Asociación
Amigos del Parque Ecológico Cultural Guillermo Enrique Hudson fundada en 1941
que se encuentra en el actual partido bonaerense de Florencio Varela (anteriormente Quilmes), mantiene viva la presencia de
Hudson. Su misión es preservar el medio ambiente, ese que fue un testigo silencioso de su
nacimiento, así como también su obra literaria pródiga a través de su valoración
y difusión. Los miembros de este Parque Ecológico y Cultural realizan
actividades relacionadas con Ecología y Literatura junto al Museo. Su director
es el Sr. Aníbal Rubén Ravera quien dijo: "Hudson
fue la fuerza impulsora detrás de la primera ley para proteger a las aves de
manera efectiva, en un momento en que fueron exterminadas para obtener
plumajes".
A nivel personal, allá lejos y hace tiempo, me
regalaron una caja con muchos libros cuando tenía doce años. Lo que había
dentro, me llevó al punto de partida de mi interés en Hudson. En ese momento
estaba teniendo mis primeras clases de inglés, clases que disfruté con profundo
placer, pero que mi padre -a veces- no podía pagar. Además, no tenía ningún
libro en inglés, pero de alguna forma siempre conseguí leer o copiar textos
de buenas y compasivas compañeras. Mi
padre solía ganarse la vida como un humilde trabajador metalúrgico, y, aunque
mi madre, mis dos hermanas y yo teníamos para comer y vivir con dignidad, el
dinero no era suficiente para los libros. El jefe de papá, que disfrutaba de un
mejor nivel de vida, también tenía tres niñas que habían estudiado inglés. En
ese momento estaban en sus treintas y a punto de casarse por lo que estas
mujeres decidieron deshacerse de algunos libros que tenían en su biblioteca. Su
padre les contó sobre nuestra situación, y los libros fueron colocados y
guardados ordenadamente dentro de una caja, la misma que días más tarde,
recibiría como el mejor regalo de todos.
Había muchos libros en inglés, todos muy útiles para
mis cursos, pero encontré uno que me ha guiado desde entonces. La imagen de una
niña que estaba iluminada por brillantes rayos de luz, inclinada sobre una gran
piedra, rodeada de espesa vegetación en la portada del libro fue lo que llamó
mi atención al principio. Era añejo y bastante extraño, ¡pero fue muy
inspirador! El nivel de inglés que tenía era demasiado difícil para una niña de
doce años; sin embargo, me ofreció un nuevo desafío. ¡Maravillosa fue la
sorpresa cuando supe, muchos años después, que William Henry Hudson era tan
quilmeño como yo! Recuerdo que en aquel momento solo pude entender el título y,
observando solo la ilustración de portada creada por Sheilah Beckett, todos mis
sentidos se agudizaron y pude comenzar a inferir, imaginar, vivir y disfrutar
parte de su historia. Sentí que podía volar en libertad, como un colibrí, en el
sentido y espíritu que William Henry Hudson, el quilmeño describió a las aves en su baile
aéreo. Ese libro fue Mansiones Verdes.
Muchos años después, visité el Museo de Hudson en
Florencio Varela, Provincia de Buenos Aires. No puedo describir lo que sentí en
ese momento. Mi mente fue embestida por una especie de visión, un espíritu, una
energía que susurró amablemente en mi oído, como si me eligiera para devolverle
la vida. En ese momento supuse que era mi sed de más conocimiento sobre Rima.
Ahora, estoy segura de que era ella. Rima, de alguna manera me ha tomado de la
mano. Esa trémula mano que Hudson tomó y
eligió para sintetizar con su pluma en 1904 su amor por cada movimiento, canto
y hábito de pájaros; su compromiso con la protección de las aves, con la
ecología y principalmente con la naturaleza.
Por lo que expresé, el presente trabajo surge de mi
interés de explorar y analizar a Rima de William Henry Hudson desde diferentes
perspectivas valiéndome de eco teorías y conceptos pertinentes para esta
investigación.
En el frío enero europeo del 2017, visité el monumento a Rima. Recuerdo
que me senté en un banco de madera, en frente del Memorial y comencé a observar
cómo los pájaros revoloteaban por ese lugar bebiendo agua en ese perfecto,
angosto y largo canal. Para mi perplejidad vi dos jaulas inmensas colgando de
dos robustos árboles al costado de la estatua de Rima. Un sentimiento de
injusticia e incomprensión se apoderaron de mí. Instante seguido me pregunté
¿qué pensaría Hudson si viera estas dos grandes jaulas dispuestas en el lugar
de su homenaje? Ironías de la vida, pensé. Pero me quedé con un sabor amargo e
injusto, porque la jaula es todo lo contrario a la libertad, al vuelo y a la
expansión. Como estaba decidida a quedarme meditando sobre Rima, su simbología
y la vida de Hudson que parecía hablarme, me quedé sentada un largo rato.
Repentinamente vi venir un hombre vestido de guarda parque inglés con una
abultada bolsa en su carrito móvil. Abrió la llave del candado que impide el
acceso a la estatua y abrió primero una jaula. La llenó de alimento para aves.
Luego hizo lo mismo con la segunda jaula. Y se retiró, sin antes sacarme una
foto en el lugar. La alegría, la empatía y el inmenso amor que mi cuerpo sintió
en ese momento, me erizó la piel. Al rato, cientos de pájaros vinieron al lugar
a comer de esas semillas que regalaban las jaulas al ser mecidas por la fría brisa
apurada del invierno. Mi cuerpo, mi alma se estremecieron de una incrédula
sensación de justicia que los ingleses tienen reservada para Hudson y su
ejemplar memoria.
En ese instante, me avergoncé de haber pensado tan
injustamente y me dediqué a disfrutar de esa majestuosa escena en Hyde
Park.
